24 ene. 2008

Manjar de mentiras.

Y de nuevo vuelvo a perderme en la mentira. Mentiras y más mentiras solo salían de tu boca mientras yo me hundía lentamente en la ilusión. Ilusiones y más ilusiones me hacías sentir mientras yo más y más ignorante me convertía.

Pero que cosa tan más sucia es el amor. Tan cruel, tan mierda...una cosa tan horrible. Nos hace enamorarnos de las personas casi inalcanzables. ¿Por qué carajos? Hmm... Amor, amor... ¡AMOR!

La locura hizo de mi todo lo que nunca quise ser. Esa persona que dependa de todos, en general; pero de alguien en particular. Es que, ¡no suelo ser así! Como dije antes: ¡No suelo ser la Sofía que se queda ahogada en el sufrimiento!

Claro, el amor es una cosa tan linda en su momento. Sencillamente te olvidas de ti, y solo piensas en esa persona a la que le darías tu vida si pudieses. ¿Para qué tanto amor? Para que luego la persona lo arrojara por la ventana como si fuese alguna envoltura de papel de algún dulce. Pero ahí voy de nuevo, a enamorarme y decírtelo de la manera más estúpida que pude encontrar.

¡Genial! ¿Que mierda te importa? ¡Esa es mi vida! ¡Una vida tan amarga! ¡AMARGA! ¡DOLOROSA! ¡La odio! Te aseguro que pudiste ser todo para mí en un instante, un segundo, ¡toda una vida! Pero, esa oferta caducó, al igual que todo lo que solía creer y amar. ¡Pudiste ser todo para mí! ¿Me escuchas? ¡Lo pudiste ser! En cambio, ¿que hiciste? Me dejaste como idiota en la calle de la ilusiones, con aquella oscuridad, aquel ambiente tan sombrío como los recuerdos que seguido queman mi cabeza.

No, esta vez no. ¡NO! ¡Claro que no! ¡Esta vez no! ¡Vamos! No tapes tus oídos y pon atención a mis palabras; aunque insignificantes tal vez para ti, ¡Escúchame! ¡Ya no! Te lo pido por favor.

Me alejo de toda ilusión. De toda adicción. De toda esperanza. De toda amargura y dolor. De tus dulces mentiras. ¡De ti! ¡No pongas esa cara! ¡Odio que me hagas esa cara! ¡Estoy hablando en serio! ¡Me voy!

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